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El Renacimiento

(Nou diccionari 62 de la literatura catalana)

Movimiento intelectual y estético de los siglos XV y XVI basado en la reivindicación (el renacimiento) de la civilización clásica grecolatina, que comportó la restitución, interpretación y anotación de los textos clásicos, la asimilación de las ideas y los valores que éstos contienen, el afán de imitar sus modelos literarios, arquitectónicos y figurativos con la ambición de superarlos, la exaltación de la dignidad del ser humano y de su papel en el universo y una nueva ordenación laica de la sociedad.

Durante este período se produjeron también un conjunto de cambios fundamentales, como la introducción de la imprenta, que favoreció la circulación rápida y masiva de obras e ideas; las reformas religiosas que se iniciaron con Erasmo de Rotterdam y Lutero y culminaron con la Contrarreforma católica; los descubrimientos geográficos que permitirían ampliar el mundo conocido, o la formulación del sistema heliocéntrico por parte de Copérnico.

El Renacimiento tuvo su centro en Italia y desde allí se difundió, a ritmos distintos, por toda Europa a través de la presencia de humanistas o de artistas italianos en ciudades extranjeras, de los viajes de estudio que los extranjeros hicieron a Italia y de la difusión de los escritos de los humanistas italianos y los escritores clásicos que estos humanistas descubrieron y editaron. En nuestro entorno hay que tener también presentes los círculos catalanes instalados en la Italia del Renacimiento por la vinculación de Nápoles, Sicilia y Cerdeña a la Corona de Aragón, debido a que Alfonso el Magnánimo fijó su residencia en Nápoles (1442-1458) y por la existencia de dos pontífices valencianos, Calixto IIII (1455-1458) y Alejandro VI (1492-1503), los dos papas de la familia Borja. La preocupación por el estudio de las lenguas clásicas, característica del humanismo, no impidió el desarrollo de las literaturas en lenguas vulgares.

La literatura catalana del Renacimiento, que abarca desde los últimos años del siglo XV hasta el final del XVI, sin romper con la tradición medieval, recuperó algunos de los cánones estéticos y los modelos formales del clasicismo. La prosa catalana más valiosa del periodo son Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa (1557), de Cristòfor Despuig, tanto por el uso del diálogo, una forma literaria clásica, como por el espíritu crítico de su autor. En el terreno de la literatura de entretenimiento, emergen novelle y ocurrencias como las de Jordi Centelles y Joan Timoneda y unas divertidas y desinhibidas Estil·lades y amoroses lletres, de mediados del siglo XVI. También debe resaltarse la narrativa histórica, representada por las crónicas de Pere Miquel Carbonell, Pere Antoni Beuter y Joan Binimelis, y la novela alegórica, representada por el Spill de la vida religiosa, obra anónima publicada en 1515. El mejor poeta catalán del período fue Pere Serafí. En él confluyen las diversas tendencias de la lírica catalana del Renacimiento: la adaptación al sistema métrico catalán de una nueva forma de estructurar el poema que, con su sistema acentual, rítmico y prosódico, opta por la armonía y la eufonía, los parámetros estéticos propios del clasicismo; la adopción de unas nuevas estructuras que delatan una gran preocupación por la belleza formal -el soneto, la octava rima, el madrigal petrarquesco y los tercetos encadenados, de inspiración italiana, o el verso blanco, la epístola, la oda, la elegía y la égloga, de imitación clásica-; la influencia del petrarquismo, a imitación de la lírica del Canzoniere de Petrarca; la imitación de la poesía de Ausiàs March, y la glosa de refranes y canciones populares.

En la narrativa en verso destaca el poema sobre el Lepant (1573) del presbítero de Mataró Joan Pujol, por lo que representa de recuperación del género épico. En teatro destacan las piezas cómicas La vesita (1524-25), de Jon Ferrandis d'Herèdia, representada en las cortes valencianas de Germana de Foix y de su segundo marido, el duque Fernando de Calabria, y la obra anónima de mediados del siglo XVI protagonizada por En Cornei. En el ámbito religioso, junto al mantenimiento de formas dramáticas como los misterios y moralidades de inspiración medieval, el teatro catalán incorpora a finales del Renacimiento una forma nueva, el acto sacramental, del que son buenos ejemplos El castell d'Emaús y L'Església militant, del valenciano Joan Timoneda. Sigue leyendo...

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