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El Barroco

(Nou diccionari 62 de la literatura catalana)

Movimiento europeo que comprende desde finales del siglo XVI hasta el XVIII. Respondió a la crisis de los dos dogmas fundamentales del Renacimiento: la confiada admiración por los antiguos y el optimismo racionalista. A la anterior perquisición de arquetipo se opuso el retrato de la vida inmediata, con lo cual se produjo una irrupción del vitalismo (la fuerza será preferida a la belleza) y de un naturalismo sin naturalidad, crispado. El tema del tiempo adquirió una importancia capital. Estilísticamente, el literato barroco se lanzó de manera deliberada a la explotación de los recursos de la retórica, de la sintaxis, de la versificación, a utilizar sin medida todos los recursos de su arte, sin miedo a caer en el artificio.

En la Península Ibérica, la decadencia económica iniciada con la muerte de Felipe II, el acopio y el aislamiento internos y la fidelidad a la contrarreforma son factores que ayudan a entender el estallido especial del barroco castellano, que exasperó, recargó o sutilizó las técnicas estilísticas y sintácticas del vocabulario, la retórica y la composición literarias e incidió en las culturas vecinas. Las circunstancias que comportaron la aparición del barroco catalán fueron similares a las del castellano, pero en el primer caso incidieron, además, unas condiciones históricas propias y una de las crisis más agudas que ha sufrido la cultura del país.

De hecho, las primeras manifestaciones propiamente barrocas (figuras anteriores como Joan Timoneda o Joan Pujol pueden considerarse como unos iniciales síntomas literarios de la contrarreforma) no se produjeron hasta comienzos del siglo XVII y se prolongaron durante todo el XVIII, entonces ya con elementos de estética rococó. En general, la influencia de los principales temas y autores castellanos (Luis de Góngora, Calderón de la Barca, Baltasar Gracián) se notó especialmente en el vocabulario y la sintaxis de la poesía y del teatro, y también en la predicación, en los certámenes poéticos de la época e incluso en los géneros populares. Una figura capital del barroco catalán fue el poeta y comediógrafo Francesc Vicent Garcia, con un gran prestigio posterior. Sin embargo, el momento culminante puede situarse durante la Guerra dels Segadors, cuando hubo intentos ya conscientes de renovar y revitalizar la cultura catalana entre los que cabe destacar sobre todo la obra poética y dramática de Francesc Fontanella. Otras figuras del barroco catalán fueron Pere Jacint Morlà y Josep Blanch, también de mediados del siglo XVII; Josep Romaguera, entre los siglos XVII y XVIII, y Agustí Eura y Francesc Tagell, de la primera mitad del siglo XVIII. Posteriormente, las últimas formas barrocas fueron desbancadas por la Ilustración, con su racionalismo, y por el Romanticismo y su carga pasional.

Las reivindicaciones del barroco producidas en el siglo XX (por ejemplo, la valoración de T. S. Eliot sobre los metafísicos ingleses, o el interés de la generación castellana del 27) tuvo como consecuencia algún intento consciente y paralelo de reconsideración del barroco catalán, más concretamente de la figura de Francesc Vicent Garcia, visible en la obra de Bartomeu Rosselló-Pòrcel y, más adelante, en alguna composición de Josep Palau i Fabre. La reedición de Fontanella se ha visto reflejada, también, en alguna poesía de Pere Gimferrer. Sigue leyendo...

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