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Àngel Guimerà

Àngel Guimerà

Ramon Bacardit

La biografía de Ángel Guimerà ha sido motivo de polémica tanto por la verificación de su fecha de nacimiento (voluntariamente falseada por el dramaturgo y que se produjo en el año 1845), como por los aspectos que pueden afectar de una manera más directa a su intimidad. De hecho, ambos aspectos han ido ligados. Al menos así lo apuntó Xavier Fàbregas, que quiso ver en las circunstancias del nacimiento del autor (sus padres no estaban casados) uno de los factores biográficos que tenían que marcar su producción, junto con la idea de mestizaje (nació en Tenerife, hijo de padre catalán y madre canaria, y se trasladó al pueblo de El Vendrell cuando tenía ocho años) y un amor frustrado con una tal Maria Rubió (parece que los respectivos padres se oponían al compromiso).

Santa Cruz de Tenerife, 1845 – Barcelona, 1924. Dramaturgo y poeta

Esta tendencia a interpretar su obra a partir de su biografía ha sido una constante, y se explica en gran parte por la contradicción entre el alto voltaje pasional de sus obras y la extrema discreción de su vida íntima. De aquí proviene la inevitable tentación de proyectar sobre el autor y su obra lecturas psicoanalíticas. En todo eso hay que añadir la rumorología que habían despertado ya en su época tanto su pertinaz soltería como la costumbre de rodearse de discípulos más jóvenes.

Con el tiempo sólo unos biógrafos como Caravaca, primero, y Ferran de Polo más tarde, encararon el tema con cierta transparencia. El último, además, de forma provocadora, proclamando claramente que "Guimerà no era homosexual", refiriéndose al rumor que reconocía que corría por el mundo intelectual barcelonés. En cualquier caso, la obsesión de algunos autores (Miracle especialmente) por construir con todos los detalles una presunta gran historia de amor con lo que no parece que pasara de puro flirteo adolescente parece bastante curiosa. Sin dejarse llevar por el fisgoneo un poco morboso, ni pretender "salvar" al dramaturgo desde prejuicios rancios, resulta útil remarcar que su peculiar personalidad nos permite entrar en el núcleo de la concepción amorosa que encontramos de manera constante en sus obras. Es evidente que, salvando las distancias que se dan en muchos sentidos, la obra de Guimerà comparte con la de dramaturgos como Strindberg una gran capacidad para presentar con toda su fuerza bastantes pasiones psicológicamente complejas.

En lo que se refiere a su "mestizaje", el tema del inadaptado, del distinto, es un motivo recurrente en su obra, como ya remarcó Fàbregas. Es evidente que aquí se puede encontrar una clara relación con la biografía del dramaturgo.

El dramaturgo

El primer periodo en la creación dramática de Guimerà se destacó especialmente por la voluntad de seguir una propuesta programática planteada por los amigos del autor, pero sobre todo por Josep Yxart, el crítico más lúcido e informado del momento. En el contexto del teatro catalán de la época dominaba la figura de Frederic Soler, que había consolidado unos modelos de teatro en catalán de base melodramática en los que alternaban las comedias costumbristas con los dramas rurales o históricos. La insatisfacción que muchos intelectuales catalanes sentían ante este teatro y el monopolio que ejercía el autor de La dida los movió a buscar una alternativa que, de paso, otorgara a la escena local un prestigio literario que el excesivo populismo de este dramaturgo no permitía alcanzar.

Así, y coincidiendo con una reacción de alcance europeo contra los excesos del primer romanticismo, se dio un intento de recuperar con el nombre de tragedia unas formas de drama culto que renovaran la ya establecida tradición romántica, tanto por el verismo más profundo en el tratamiento de la realidad histórica en el que se enmarcaban los conflictos pasionales (Pietro Cossa, Victorien Sardou, etc.) como mediante la recuperación de los dramas del último Schiller, caracterizados por la síntesis que consiguió al autor alemán entre el modelo del teatro shakespeariano y el clasicismo francés del siglo XVII. Por esta vía evitó las truculencias melodramáticas de cierto romanticismo y, al mismo tiempo, se alejó de la rigidez retórica de un Racine, incorporando de una manera decidida la historia como material dramático. Recuperaba de esta manera la función de la vieja tragedia, pero lo hacía introduciendo la renovación dramática aportada por la recepción europea de la obra de Shakespeare. Este camino fue el que interesó vivamente a Yxart, una vez constatadas las dificultades de que arraigara el drama realista contemporáneo en catalán en la sociedad catalana de mediados del siglo XIX. Guimerà fue el autor escogido por sus compañeros como el más apto para sacar adelante la creación de una tragedia catalana que prestigiara una literatura que con Verdaguer ya había incorporado la épica. Sigue leyendo...

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