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Amadeu Cuito

Quién soy y por qué escribo

Amadeu Cuito

Soy un buen lector, o al menos un lector que lee bastante. Y como le pasa a mucha gente que le gusta leer y tiene un gusto bastante definido, llega un momento que tú también quieres probarlo. Es aquello que dice Proust de la lectura, de sus limitaciones, incluso de su carácter engañoso, y que si bien te lleva al umbral de la vida espiritual, no es la vida espiritual. De ahí las ganas de dar un paso más. Yo ya lo había intentado varias veces, en francés, cosa que es natural porque es la lengua en que me eduqué. Escribí algunas cosas, pero me sonaban mal. Y entonces lo abandoné. Al cabo de un tiempo de vivir aquí, cuando ya estaba más inmerso en la música de la lengua, me dije: "Oye, ¿por qué no lo pruebo en catalán?". Empecé escribiendo cosas diversas, a pesar de que me costaba, y todavía me cuesta, escribir en catalán. No soy un escritor espontáneo, reescribo obligado por el poco dominio que tengo de la lengua. Y cuando tuve escritas unas cuantas cosas, de algunas dije: "De esto no me avergüenzo". Y entonces utilicé algunos trozos de una cosa mucho más larga que había hecho y que se había diseminado en muchas direcciones, y fui reduciendo, reduciendo, hasta que me salió este libro.

Yo, que he estudiado economía, estoy absolutamente convencido de que para entender realmente cómo funciona un país, se tiene que leer su literatura. [...] La memoria que yo tenía de este país era una memoria parcial y muy fragmentada. Y tenía que leer libros sobre su historia para entrar, para reencontrarlo. Pero siempre he desconfiado de la Historia. La Historia, por muy objetiva que quiera ser, siempre se escribe a partir de los relatos de los grandes militares, los políticos, los hombres de Estado, todos los que creen hacerla. Desconfío especialmente de los que buscan argumentos en la Historia o de los que pretenden haber descubierto su sentido. Creo que la Historia no tiene ningún sentido. Todo pensamiento que pretende haberle encontrado un sentido a la Historia ha desembocado en experimentos luctuosos. Para una persona de mi generación, es bastante natural desconfiar de esa gente.

"La ausencia siempre es una fuente de inspiración". Siempre he pensado que esta frase de Mallarmé es una de las claves de la expresión literaria. Como en el caso de Kafka. Aquello que está ausente es lo que tiene fuerza en el relato. En toda la literatura de Kafka sólo hay un argumento. Y por eso, a la postre, no hay ninguno, porque siempre es el mismo. Contra el argumento, contra la Historia... creo que el poder evocativo de la lengua es lo que puede, a partir de los elementos dispersos y contradictorios de la realidad, reconstruir una Historia en la que se pueda creer. Ya lo decía Proust, en una frase famosa que siempre tengo presente: "La vraie vie, la vie réellement vécue, c'est la littérature" [la vida verdadera, la vida realmente vivida, es la literatura]. Pero está claro, todo esto son ideas literarias, lo otro es ponerse a escribir. Y yo, de hecho, no soy un escritor, soy una persona que se ha puesto a escribir, pero que no se ha dedicado ni se ha ganado la vida escribiendo. Yo he tenido ganas de escribir, me apasiona escribir, pero de ahí a ser un escritor...

La literatura catalana la he leído a partir de una cierta edad. Cosa que no es el caso de la literatura francesa, o de la norteamericana, que leí de adolescente. En mi adolescencia hubo poco catalán literario, aparte de Verdaguer y de Carner, que se recitaban en casa. Después, a los diecisiete o dieciocho años, leí a Pla, algunas cosas de Gaziel, y Sagarra (porque Sagarra escribía en Mirador). Pero esto no es entrar realmente en una literatura determinada. La verdad es que, incluso añadiendo los años posteriores, no he leído mucha literatura en catalán. Solitud, por ejemplo, la debí de leer cuando ya tenía cuarenta años. La gran mayoría de lo que he leído, lo he leído en francés, en inglés, o en traducciones al francés. Pero tuve una enorme sorpresa cuando leí a Platón en catalán. Fue un verdadero descubrimiento. Me encontraba en casa. No tanto, cuando leí la Odisea, porque encontré la traducción de Riba un tanto amanerada, pero, en cualquier caso, ¡es infinitamente superior a la famosa versión francesa de Victor Bérard! Pero qué placer leer Platón, y Virgilio, en la colección de clásicos de la Bernat Metge. El catalán tiene la virtud de no ser una lengua cristalizada, es una lengua más arraigada en lo cotidiano; no es tanto de laboratorio. Sigue leyendo...

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